Muchas personas ven el sufrimiento de alguien, pero no saben cómo reaccionar. Tienen miedo de equivocarse, de entrometerse, de empeorar las cosas. Así que se quedan en silencio. Y el silencio es el terreno donde mejor crece la violencia.
Las señales que no hay que ignorar
La violencia no siempre grita. Muchas veces calla, y se nota en los pequeños cambios de quien la sufre:
- se retrae y se aleja de sus seres queridos;
- pide perdón por todo, se justifica incluso por cosas sin importancia;
- esconde el teléfono, o lo mira con ansiedad;
- repite que está exagerando;
- tiene moretones que explica con «caídas» o «descuidos»;
- sonríe, pero sus ojos dicen otra cosa.
Tres cosas que hacer
Créele. Si te dice que algo no está bien, créele. No le pidas pruebas ni le quites importancia.
Quédate. Dile: «Estoy aquí, si quieres hablar». Respeta sus tiempos: hace falta valor incluso para contarlo.
Ayúdala a encontrar apoyo. El 1522 y los centros antiviolencia también ayudan a familiares y amigos a saber cómo actuar.
Y algunas que evitar
- Preguntarle «¿por qué no te vas?». Decirle «vete al primer golpe» ignora el miedo, la manipulación, los hijos, el dinero.
- Juzgarla, o juzgar sus decisiones.
- Enfrentarte tú a quien le hace daño: podrías ponerla en peligro a ella, y también a ti.
- Decidir por ella.
No hace falta ser psicólogos ni héroes para ayudar. A veces basta con tu presencia, una palabra, una llamada.
Si crees que está en peligro inmediato, llama al 112.
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