Lo que decimos resuena más fuerte de lo que creemos. Algunas frases son tan comunes que ya ni nos damos cuenta. Y sin embargo, protegen a quien ejerce la violencia y dejan sola a quien la sufre. ¿Sabes distinguir los mitos de la realidad?
«No es violencia, solo es una relación complicada.»
Realidad. Una relación difícil exige concesiones. La violencia genera miedo. No hace falta ser golpeada para sufrir violencia: el control, los insultos y la manipulación también son violencia.
«Él no es así. Es una buena persona.»
Realidad. Quien ejerce violencia puede ser encantador en público. La mayor parte de la violencia ocurre a puertas cerradas, lejos de las miradas. Parecer amable no significa no hacer daño.
«Si de verdad estuviera tan mal, ya se habría ido.»
Realidad. Quien sufre violencia muchas veces se queda por miedo: a la venganza, a la soledad, a la pobreza. No te preguntes por qué no se va. Pregúntate cómo puedes ayudarla.
«Las mujeres denuncian por venganza.»
Realidad. Denunciar es una de las decisiones más difíciles que existen: significa exponerse, revivirlo todo y, muchas veces, que no te crean. Quien lo hace, lo hace para salvarse.
Por qué importa
Cada mentira repetida le quita a alguien la esperanza en un mañana mejor. Y hace más difícil pedir ayuda, porque hace sentir culpable justo a quien ha sido víctima.
No toda la violencia deja moretones. Pero todas sus formas dejan cicatrices.
Acabemos entre todos con las mentiras que más daño hacen: comparte este artículo. Y si necesitas ayuda, el 1522 es gratuito, anónimo y está activo las 24 horas.
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